COMPRENDIENDO LA EXPRESIÓN
• Más que color, fuerzas de opuestos e intensidad
Al comprender lo que significaba el color para artistas como Matisse y otros fauvistas “empleábamos colores muy vivos, casi violentos, aplicados en manchas planas y contrastes extremos... Para lograr una vibración óptica que intensificara la emoción pura” (Elderfield, 1983), pude entender lo que significaba realmente el color para mí.
Un ejercicio realizado en una materia de pintura durante la carrera me resultó especialmente interesante —consistía en reconocer en el entorno privado y cotidiano formalizaciones que apareciesen repetidamente en mis composiciones—. Me encontré, sin saberlo, rodeada de colores muy saturados y contrastados entre sí.
No es sólo que el color tenga una demostrada emocionalidad, como ya han desvelado múltiples estudios en psicología, sino que cuando se trata en concreto de colores muy vivos y contrastados hablamos de expresión de fuerte “intensidad“ emocional, igual que los fauvistas.
De niña dedicaba mucho tiempo a pintar las portadas de mis cuadernos con colores vivos; y de joven me llamaba la atención cómo escoger cada día el color d e ropa iba más allá de combinar un conjunto, —tenía que ver con cómo me sentía o qué color me hacía de contrapeso a aquello que experimentaba emocionalmente y que estaba en mí más allá de un impulso o un estado momentáneo—.
He comprendido con el tiempo que los fuertes contrastes de color, además de expresar intensidad, funcionan como encuentro de fuerzas opuestas que, como veremos más adelante, nos hablan también de convivencia emocional e integración psíquica de tensiones enfrentadas. El color se convierte así en algo más que una expresión emocional; indexa procesos internos psíquicos de integración de aquello que somos o que resuena con intensidad en nosotros.
Los materiales principales que utilizo en las pinturas son ceras de colores de diferentes tipos (más o menos oleosas) y pasteles, para la línea; pintura acrílica para los fondos, que suelen ser monocromos y casi planos, o con variaciones generadas por capas de color o cierta textura. La línea con frecuencia domina las composiciones, y es por esto que la técnica seca y trabajar sobre lámina/papel surgen como el medio más frecuente aunque también se realicen trabajos sobre tela.
• Más que gesto, vivencia y abrazo
Otra de las cualidades principales de las piezas es el gesto. Y para hablar del gesto las palabras de Cy Twombly me resultan reveladoras: “es instintivo... Es como si atravesara el sistema nervioso. Es como el sistema nervioso. No se describe, sucede... Es más como vivir una experiencia” (Museo Guggenheim Bilbao, 2008).
Si analizamos la huella de esa “vivencia” en nuestras piezas, esto es, la morfogenética del trazo y las formas que suelen aparecer, nos encontramos con patrones interesantes que se repiten.
Aparecen formas circulares de trazo irregular que se cierran o que no terminan de cerrarse del todo y que casi siempre contienen en su interior manchas de color y garabatos a los que abrazan y acogen, un abrazo que integra y acepta —si algún elemento queda fuera, la tensión que se genera enfatiza precisamente esa huella de abrazo que es lo circular—.
Estos círculos a veces surgen vacíos, con una línea alargada que nace de ellos como si fuese el cuerpo con su cabeza. Una cabeza proporcionalmente muy grande para ese cuerpo delgado, mostrando en ese desequilibrio su fragilidad. Un cuerpo que soy yo misma y, como veremos más adelante, un cuerpo que somos todos, en realidad.
Encontramos también líneas que avanzan hacia adelante y vuelven hacia atrás en actitud de búsqueda; líneas que unen, que conectan elementos circulares o celulares de nuevo en actitud de integración y abrazo; y líneas que son garabatos no resueltos, que evocan nudos internos aún pendientes de disolver, que indexan aquello que cuesta o que se siente aún pesado.
Y así, aunque la línea nace a veces tímida, siempre contiene fuerza y se muestra dispuesta a explorar e integrar, dominando y dirigiendo casi siempre la composición.
En las esculturas aparecen estos mismos patrones en su versión volumétrica: nudos y volúmenes de formas redondeadas, que abrazan elementos o que se retuercen hacia dentro; líneas continuación de estas formas circulares, que resuelven estos nudos o que los contienen, que los sostienen o que los acogen.
• Entre lo plano y lo volumétrico
Jessica Stockholder marcó también un antes y un después en la comprensión de mi expresión plástica. En una entrevista al Luisiana Channel explicó cómo su trabajo es una intersección entre experiencia pictórica y experiencia física, y cómo, aunque trabaja con objetos muy diferentes, todo lo que hace nace de la pintura.
Los objetos se utilizan como pintura en la paleta, no como objetos en sí mismos: pasan a ser colores, formas, o texturas... Sólo que al salirse de la bidimensión, la experiencia de color y forma “saltan” a lo tangible, dejando de ser una ilusión en el cuadro para ser real. Los considera “cosas” y no tanto objetos, porque pierden casi totalmente su significado y quedan descontextualizados.
Exactamente igual ocurre en mi trabajo escultórico. Las prendas de ropa usada o los materiales encontrados pierden por completo su funcionalidad y significado. “Hablan” exclusivamente desde sus propiedades materiales y de color.
Al ampliarse el espacio pictórico al espacio físico, las relaciones de escala cobran mayor importancia, en lo volumétrico ya no hay ilusión de profundidad. El tamaño o el color no se modulan para “fingir” profundidad, la escala es ahora 1:1 y los colores “pesan” en relación a su tamaño real, no interfiere el tamaño representado para generar esta ilusión. Así, si intentásemos pasar de una de las piezas propuestas pictóricas a la misma escultórica, no ocurriría nunca una representación idéntica, porque las relaciones de tamaño y color internas han cambiado.
El material principal utilizado en las piezas escultóricas son prendas de ropa usada, por su cualidad maleable y blanda, y por su facilidad para evocarnos adherencia al cuerpo, igual que lo sentido profunda o intensamente. El hecho de ser prendas a las que damos un segundo uso o a veces también objetos encontrados con los que dialogan es muy relevante, porque nos habla de nuevo de esta intención inconsciente de integración y abrazo.