Mi propuesta artística busca poner en valor el arte como vía hacia lo desconocido de nosotros mismos. Lo concibo como una herramienta para conectar con lo más interno, a través de la emocionalidad del color y el gesto.
En mi proceso creativo se da una búsqueda constante de resonancia interior: sólo aquello que encuentra una verdadera conexión interna llega a materializarse.
Las obras resultantes -pictóricas y escultóricas- pretenden ser espejos de nuestra sinceridad, de nuestra condición humana sensible y de la intensidad de lo vivido. A través de ellas exploro la posibilidad de un orden que medie entre nuestra experiencia interna y nuestra naturaleza sensible.
Invitan, finalmente, a habitarnos: a reconocernos en plenitud los unos en los otros y hacer consciente aquello que normalmente permanece oculto.
MÁS QUE COLOR, INTESIDAD
El color como un estado emocional, el color como expresión amplificada de nosotros mismos.
Al comprender lo que significaba el color para artistas como Matisse y otros fauvistas-"empleábamos colores muy vivos, casi violentos, aplicados en manchas planas y contrastes extremos para lograr una vibración óptica que intensificara la emoción pura" (Matisse)-, pude comprender lo que significaba realmente para mí.
No es sólo que el color tenga una demostrada emocionalidad, como ya han desvelado múltiples estudios de psicología. Cuando hablamos de colores muy vivos y contrastados, nos referimos a una forma particularmente directa de expresión de intensidad emocional.
Al igual que para los fauvistas, el sentir intenso se convierte en sinónimo de aquello que vibra emocionalmente en nosotros con fuerza. Una intensidad expresada a través de alta saturación y fuertes contrastes de color que indexan estados emocionales amplificados: estados que resuenan con amplitud en nosotros, es decir, que "ocupan" o "impactan" mucho en nosotros y, por tanto, nos definen ampliamente.
Hablan de emociones importantes para nosotros, por la intensidad con la que nos habitan. Son por ende, potentes ecos de nosotros mismos. Así, el color utilizado de esta manera se convierte en algo más que una expresión emocional... se convierte en algo que nos habla, intensamente de nosotros.
MÁS QUE GESTO, VIVENCIA
Cy-Twombly al hablar sobre su trazo, decía: “es instintivo, es como si atravesara el sistema nervioso. Es como el sistema nervioso. No se describe, sucede. El sentimiento acompaña al trabajo. El trazo es el sentimiento, al pasar de algo suave y etéreo a algo duro, árido, solitario... algo que termina y algo que empieza. Es como si estuviera experimentando algo aterrador, lo estoy sintiendo y tengo que estar en ese estado, porque yo también lo estoy viviendo. No pienso en la composición, me concentro sólo en el arrebato, es como vivir una experiencia” (Cy-Twombly). Y de esta misma manera ocurre en mis piezas.
Al observar la huella de esa vivencia, de esa conexión con nuestro sistema nervioso, podemos distinguir, en concreto, determinados tipos de línea o formas circulares que nos hablan de autoexploración y encuentro. Si nos fijamos, esto es, en la morfogenética del trazo, advertimos líneas que avanzan hacia adelante y vuelven hacia atrás en actitud de búsqueda, de indagación; líneas que forman círculos imperfectos abiertos o cerrados que abrazan y acogen lo encontrado; y líneas que conectan elementos.
Por otro lado, en las esculturas encontramos con frecuencia nudos y volúmenes de formas redondeadas. Son la expresión volumétrica de estas formas circulares que abrazan o se repliegan hacia dentro, que nos hablan de ser contenedores de nuestras partes internas. Las líneas funcionan, finalmente, como continuaciones que resuelven estos nudos o que los abrazan, que los sostienen o contienen.
VERTICALIDAD
En todas las piezas podemos observar una marcada verticalidad. Y es que tanto los lienzos o láminas propuestas como las esculturas, reflejan estados internos sentidos en el cuerpo humano y son una prolongación del mismo, un sacar fuera partes internas sentidas en él.
Son la forma fuera de lo encontrado dentro y es por ello que inconscientemente buscan siempre ubicarse en un "otro" también cuerpo humano, vertical. Igual que cuando describíamos cómo se construye el gesto, la verticalidad también ocurre, es una necesidad, y el hecho de que resulte en un patrón claro nos habla del proceso vivido.
ENTRE LO PLANO Y LO VOLUMÉTRICO
Intersección entre experiencia pictórica y experiencia física.
En las esculturas trabajo a menudo con prendas de ropa debido a su fácil maleabilidad, a la verticalidad de su caída, y a la manera en que evocan adherencia al cuerpo. No obstante, no funcionan como prendas en sí mismas, sino como pintura en la paleta. Pasan a ser colores, formas o texturas, pero al salirse de la bidimensión la experiencia de color y forma da el salto a lo tangible, deja de ser una ilusión en el cuadro para ser real.
Al ampliarse el espacio pictórico nos encontramos con que las relaciones de escala cobran más importancia aún. Y así, los fuertes contrastes de color y el tamaño de las manchas/prendas de color resultan elementos clave.